admin @ Sat, 2006-01-28 03:00
Ayer se inauguró en Porreres una exposición de . La primera vez que vi a Marcos Vidal, hace 20 años, quería hacer películas con muñecos de plastilina en Valencia. La segunda vez exponía en una galería de Palma cuadros pop, donde asomaban los restos de alguna pin-up. La tercera preparaba un taller de grabado en Sineu. Las sucesivas veces siempre se las arreglaba para estar metido en un rollo nuevo.
Tengo una maleta suya en mi casa, una maleta con alas, que no sé por qué me temo que es el icono que Marcos ha adjudicado al amor, ese sentimiento pasajero. Lleva cinco años construyendo capillas, en un sorprendente pulso a la sensibilidad de occidente. Sus capillas de material reciclado cuelgan de un muro sagrado, no sabemos si por ensayar un sacrilegio o por someter a una nueva exégesis el Apocalipsis. El hecho de que anhele un texto de para un libro de fotos con sus 37 capillas nos sume en la perplejidad, teniendo en cuenta que a Serra la figura de le parece una cosa seria: jamás lo sentaría en un coche descapotable o le pegaría una botella de cervera en la palma de la mano.
Esa absoluta tranquilidad de Marcos Vidal para violar lo intocable la podemos ver en la serie de cápsulas y maquetas de «hogares» que se exponen en Porreres. Si en una de las capillas Marcos es capaz de plantarle a una imagen de la Virgen (de la Ascensión) una placa con los botones de un ascensor, en Porreres vemos cómo a un Sagrado Corazón le calza unos pantalones de Madelman leñador. En efecto, esto son gamberradas y por lo tanto arte.
La última exposición de Vidal se anunció por correo con el envío de unas cuchillas de afeitar. El domicilio, donde se agazapan los peligros y los vicios, lo más íntimo, lo más vulgar, lo más obvio y lo más inconfesable, absorbe la atención de este conjunto escultórico-arquitectónico, donde las obras de arte reclaman su derecho a permanecer embaladas y, en todo caso, a dejarse ver por una ventana. Fotografías mágicas certifican su calidad de mito, avalan como documentos de un making-of estos decorados.
se lo habría pasado pipa viendo estos ready-made de Marcos. se habría sentido orgulloso de los guiños y los homenajes. Incluso los creadores de o de esbozarían una sonrisa exculpatoria.
Posmoderno redomado, Marcos Vidal es un cínico porque pone al hombre y al arte a vivir en el barril de . Hurga en las basuras. Enciende una bombilla en la sala de estar para ver si encuentra un hombre. Y resulta que lo encuentra viendo el fútbol o masturbándose.
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