admin @ Sun, 2006-01-29 10:00
El anterior es un pensamiento del pintor Filippo Lippi, citado por el autor F. Ferrari en el libro "Cirugía Estética", que encierra el pensamiento de muchos hombres y mujeres afanados diariamente por tener una apariencia impecable.
Bien sea en el trabajo, en las escuelas, universidades o en la calle, el ojo humano está acostumbrado a medir qué tanto se acerca la apariencia de los demás a los cánones estandarizados de lo bello y lo feo.
Sin embargo, algunos especialistas afirman que un buen conjunto, un perfume exquisito, maquillaje impecable, grandes inversiones en dieta, ejercicios y salón de belleza, no pueden llenar los vacíos del entorno ni llenar las carencias afectivas, y menos determinar el valor del individuo.
Puede ser, como lo dice el pensamiento inicial, que para muchos la belleza sea lo mejor creado por Dios, pero vivir exclusivamente en torno a la apariencia exterior podría afectar la salud psicológica e incluso física de los que se preocupan por lo superficial.
Desde épocas remotas, civilizaciones primitivas perseguían ideales estéticos y los reflejaban en su arte. Ejemplos de esta evolución de los patrones de belleza están en la historia.
Así, la famosa Venus de Willendorf, esculpida con formas voluptuosas que representaban la fertilidad femenina en la prehistoria; luego los excesivos cuidados de los nobles de Egipto; el perfeccionismo de los griegos que no aceptaban la gordura y rendían culto a sus cuerpos; y en la época del Renacimiento, la sociedad europea veía en las mujeres con curvas definidas su prototipo de encanto visual.
Así, progresivamente, se impuso conceptos de belleza bajo esquemas predeterminados. La apariencia comenzó a ser un valor de las sociedades, tanto que el status y la aceptación social comenzaron a depender, en muchos casos, de cuán bello es un individuo.
En la época actual, los cánones estéticos de la moda, no sólo rigen las tendencias del vestir, maquillaje, peinado, perfumes y accesorios, también pautan o condicionan la aceptación social del individuo que adopte estos esquemas.
Al respecto, la docente universitaria y especialista en conducta humana, Elizabeth Sánchez, opina que preocuparse por lucir bien no es negativo, pero si la persona depende de la apariencia para alcanzar metas, pierde la naturalidad y su propio encanto.
A pesar de que la apariencia física puede causar el éxito o fracaso de una relación (personal o laboral), especialistas en psicología y cirugía estética consultados, coinciden en que debe haber límites en ese afán por verse bien para evitar trastornos psicológicos.
Sobre el tema, la psicólogo Graciela Adrián considera que la autovaloración es importante para evitar ser obsesivos con la belleza. Aconseja preguntarse “cómo eres y no en cómo te ves”.
De esta forma, se puede hacer todo lo posible para verse bien, sin afectar la autoestima, ya que, a fin de cuentas, es el amor propio el que brinda bienestar.
- “Yo no puedo salir de mi casa sin combinarme la ropa. Así sea para ir al gimnasio, paso dos horas escogiendo mi vestimenta para no repetir la de la semana anterior”.
La anterior conversación entre cuatro amigas que referían sus rutinas particulares de arreglo personal antes de salir a la calle, demuestra que hay un tema común: existe un interés por lucir la mejor apariencia, dándole una importancia inclusive por encima de otros valores sociales.
Para quien desea distinguirse como un hombre o mujer bien acicalado, no sólo debe invertir en arreglo y vestimenta. Como dijo uno de los encuestados de 46 años de edad, es necesario mantener una rutina de ejercicios y alimentación que permita lucir con orgullo las prendas de moda.
Como él, son muchos los que planifican su día a día en base a la práctica de ejercicios. Y no sólo los jóvenes lo hacen, adultos y personas de la tercera edad van al gimnasio o trotan cada mañana para mejorar su salud y su aspecto.
Médicos en general advierten que una sana alimentación y tener alguna actividad física son el arma principal contra las enfermedades. Pero excederse con estos hábitos puede crear serios problemas orgánicos y psicológicos.
“Aquí viene gente que no hace caso a los instructores, entrenan y hacen dieta por su cuenta y pasan más tiempo del indicado. A veces no se puede hacer nada para evitar que se lesionen o enfermen”, comentó Héctor López, encargado del gimnasio Power Gym, ubicado en Barcelona.
El perfil descrito por López se nota en algunas personas que se autodenominaron “adictas al ejercicio”: dedican hasta cinco horas diarias a esta actividad, cuando lo recomendado, en términos de salud, es hacerlo por treinta minutos o dos horas y media diarias como máximo.
Casi todos los consultados acuden a la peluquería o centros de estética para someterse a tratamientos rejuvenecedores o de belleza. Otros se han hecho o desearían realizarse alguna cirugía plástica para desaparecer ese rasgo que los aleja de los cánanones estéticos.
Aún así todos coincidieron en que “los feos también son felices”. Algunos apuntaron que los menos agraciados tienen a su alrededor personas recordándoles que “ lo que vale está dentro”.
Lo importante, como lo indicó la psicólogo Graciela Adrián, es que “ese temor al rechazo que todos tenemos sea canalizado para no crear traumas ni obsesiones por cambiar su apariencia”.
La mitología griega cuenta sobre un apuesto joven, llamado Narciso que al nacer, sus padres consultaron a un adivino que les advirtió que viviría hasta viejo si no se contemplaba a sí mismo.
Un día de calor, Narciso sintió la necesidad de beber agua. Se inclinó sobre las aguas cristalinas de un lago y en ese momento contempló la imagen de su rostro. Le pareció tan bello que se enamoró de él y no pudo apartarse de esta contemplación hasta dejarse morir en esta postura. En el lugar de su muerte brotó una flor que se denominó Narciso y su nombre dio origen al narcisismo (admiración patológica hacia sí mismo).
“Cuando una persona tiene los medios para hacer lo que sea por verse bien, puede caer en un problema psicológico como la vigorexia”. Esto lo indicó Héctor López, encargado del gimnasio Power Gym, ubicado en la avenida Intercomunal de Barcelona.
La vigorexia es una de las consecuencias de la obsesión por lucir bien. Es un trastorno mental que afecta el comportamiento del individuo. Lo padecen aquellos que tienen una imagen distorsionada de su propio cuerpo, suelen verse muy poco musculosos y adoptan comportamientos anormales como exceso de ejercicio, conductas alimenticias trastornadas e incluso recurren a ayudas farmacológicas para aumentar la masa muscular (esteroides, hormonas y anabolizantes).
Según explicó López, estas personas se miran al espejo y se pesan constantemente, nunca están conformes, pasan muchas horas entrenando, levantan más peso del indicado y no les importa si se lesionan. En algunos casos, el ejercicio tiene prioridad sobre otras actividades y responsabilidades.
Una persona con vigorexia puede sufrir deformaciones óseas y fracturas (por el excesivo crecimiento del músculo), diabetes (por la mala alimentación), dependencia de sustancias químicas y actividades físicas, depresión, ansiedad y estrés.
La recomendación de López para evitar caer en éste y otros trastornos, es que los instructores brinden una buena asesoría, atendiendo a las necesidades del cliente, pero haciendo un seguimiento y control. La consulta a un nutricionista también ayuda.
No hay que ser muy metodológico a la hora de estimar cuántas personas en general quisieran ser objeto de un “retoque” de cirugía plástica. Si no la mayoría, muchos no lo descartaría. Y entonces cabe la pregunta ¿qué hay detrás de esta aspiración de un “milagro” estético?
El doctor Henry Saud, cirujano plástico que ofrece sus servicios en el norte de Anzoátegui, explicó que las cirugías plásticas pueden mejorar partes desagradables del cuerpo cuando son manejadas con los criterios correctos, y puede aumentar la autoestima del paciente. Sin embargo, comentó que muchas personas se alejan de la realidad y se sumergen en la fantasía de querer resultados imposibles: unos quieren verse idénticos a otra persona (estrella famosa por lo general), no tener cicatriz alguna y sobrepasar los límites de lo adecuado para sus cuerpos.
El especialista indicó que el afán de belleza se convierte en patología cuando el paciente no está consciente de algunas limitaciones.
“Si no se entiende el procedimiento o los posibles cambios, se crea un problema como la dismorfia, en donde el individuo, con deseos de mejorar cualquier deformidad, no está nunca de acuerdo con lo que se le realiza”.
Estas personas se reconocen por ciertas actitudes que puntualizó el galeno: “llegan predispuestos y pesimistas, tienen múltiples cirugías y hablan mal del médico anterior, refutan todo lo que se les dice, buscan levantarse la moral tras un duelo familiar, divorcio o fracaso laboral, o se rehusan a ser sinceros, desvestirse o dejarse fotografiar”, explicó.
Para Saud lo más importante es elegir bien al cirujano, tener una honesta conversación con él y recibir asesoría. Además explicó que “el paciente debe estar claro de hacer el cambio por sí mismo y no para complacer caprichos, conseguir pareja o parecerse a alguien (...) y saber que la cirugía mejora la apariencia pero no combate el envejecimiento”.
La psicóloga Graciela Adrián, que ofrece su consulta en la zona norte de Anzoátegui, expresó que “básicamente el afán por verse bien depende de la creencia de que somos más como parecemos que como somos por dentro”.
Para ella, “es sano hacer lo necesario por sentirse mejor”. No obstante, explicó dos extremos bien definidos de obsesión por la apariencia: “están los desórdenes de origen contestatario, en donde vestir fuera de lo común responde a una búsqueda de identificación y de no parecerse a los demás. En los desórdenes narcisistas, donde el cuerpo y la figura son lo más importante, la persona trata de decir ‘quiero ser aceptado' “.
La especialista comentó que estos trastornos ocurren sobre todo en jóvenes entre 16 y 25 años, pero esta situación repercute también en la educación de los niños que crecen en un ambiente de valores superficiales.
Adrián afirmó que, en un futuro, estos infantes serán esclavos económicos, manipulables e inseguros o posiblemente lleguen a convertirse en personas que parecen “guías ambulantes” de nutrición y consejos de belleza.
Adrián dijo que “según estudios de marketing, los venezolanos somos los más limpios e invertimos en artículos de belleza e higiene. Si es rasgo cultural, no nos hace daño pero, repito, no se debe caer en extremos”.
Acotó que en esos casos lo indicado son las terapias de psicología cognitiva que ayudan al individuo a “reestructurar los niveles de creencia de su apariencia”, es decir, mejorar la forma de verse a sí mismo.
This is cache, read story here
