admin @ Wed, 2006-02-01 20:00
México, DF, 1 de febrero de 2006 (Agencias).- Horas antes de que George W. Bush ofreciera su discurso sobre el Estado de la Nación la noche del martes, Hollywood honró a la controvertida "Brokeback Mountain" con ocho nominaciones, convirtiéndola en favorita a los Oscar.
"Brokeback Mountain" es la primera producción importante que toma el mito del macho del oeste y lo transforma, contando una historia de amor entre dos cowboys.
Pocos expertos dudan ya de que el film triunfará en los Oscar y se convertirá en la primera película de temática gay en alzarse con la estatuilla a la mejor película, el premio más codiciado en la industria del cine estadounidense.
En una reciente aparición pública, Bush evitó comentar la película, diciéndole a su interlocutor que le encantaría hablar sobre su rancho, pero que no había visto la película.
Hollywood puede tener un efecto subliminal en la creación de actitudes públicas, pero cuando intenta influir abiertamente en política, los esfuerzos de sus miembros, generalmente más tendientes a la izquierda, suelen ser inútiles.
Eso quedó de manifiesto claramente en la última elección, cuando Bush y sus simpatizantes republicanos ridiculizaron a figuras mediáticas liberales como Michael Moore y Barbra Streisand como debiluchos que no comprenden los valores predominantes en Estados Unidos.
Por lo tanto, si los Oscar tienen algún impacto político, probablemente provenga de otro lado. "Good Night, and Good Luck" de George Clooney, tiene un mensaje político poderoso en su recreación de la confrontación entre el senador "cazacomunistas" Joe McCarthy y el icono periodístico Edgar G. Murrow.
"Munich", de Steven Spielberg, muestra las pérdidas humanas que supone una guerra sin límites contra el terrorismo. Y "Syriana" ilustra la complejidad del conflicto en el Cercano Oriente y la necesidad de petróleo de Occidente.
Pero, finalmente, quizá el golpe político provenga de la gala misma más que de los nominados. Y es que en su perenne lucha por evitar el aburrimiento de los espectadores en la larga ceremonia, el productor Gil Cates recurrió este año al comediante Jon Stewart para moderar la noche.
Stewart adquirió la reputación de comentarista más divertido del país con las sátiras políticas que hace en su programa televisivo "The Daily Show with Jon Stewart".
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