admin @ Fri, 2006-02-17 05:00
Una jornada extensísima obliga a recortar. Pero no a escatimar elogios. Para empezar, a José Miró, que responde a los dos premio de L'Óreal que lleva recibidos con una colección plena de oficio, arte y personalidad. Sólo mi trabajo declinando todas las formas posibles de cubrir el busto y los hombros, bastaría ya para el calificativo. Una espectadora autorizada, la estupenda diseñadora valenciana Tonuca presenció y aplaudió el desfile.
El fin de fiesta lo puso el alicantino Antonio Alvarado, que obtuvo una gran ovación al cierre de su desfile por una colección en la que muestra su madurez creativa y su serenidad. El diseñador, puntero en los 80, ha querido reinterpretar la ropa sport a través de todo tipo de motores (en sentido real como los del coche y figurativo como el motor impulsor del amor).
Acolchados, bombers reinventadas y una novia con minifalda y cubierta de ganchillo fueron lo mejor de una colección en la que apostó por la falda masculina y en la que el mismo se atrevió a lucir un traje en la pasarela. Esta por cierto estaba adornada con señales tuneadas por el artista plástico Diego Peris.
La devaluada palabra ‘glamour' recupera su significado si se puede aplicar con justeza en el caso de Andrés Sardá. Presentar una colección de preciosa lencería, y hacerlo con exquisitez, parece privativo de Sardá y su hija Nuria. Un delicado estilismo a base de capas de terciopelo, microfaldas de tul, pieles, largos guantes y coquetísimos sombreros de Pablo y Mayaya, desembocó en camisones, literales trajes de noche... y en una cerrada ovación.
Se esperaba a Victorio & Lucchino como a hijos pródigos, de vuelta a Cibeles que los consagró. Trajeron su colección de hombre, clásico-moderna, con buena sastrería, que ha gustado tanto o más que la femenina. V & L visten a la mujer para que nunca pase inadvertida. Y lo hacen esta vez con una estética de los 80 y un recuerdo a las elegantes de los 30.
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