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Un preso esposado por el amor... | Amor, sexo, fiestas y sexualidad


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Un preso esposado por el amor...

admin @ Sat, 2005-10-08 06:00

Un Chevrolet Corsa del Servicio Penitenciario Bonaerense estaciona frente a la puerta de la Delegación del Registro Civil del barrio platense de Villa Elvira. Atrás lo hace un patrullero con tres policías a bordo. Dentro del primero de los vehículos, un joven flanqueado por dos guardiacárceles se muestra feliz, pese a estar esposado, mientras busca sonriente la mirada cómplice de su novia. Martín Alejandro Delgado es electricista y tiene 29 años, pero desde 2002 está alojado en el pabellón 13 -para evangelistas- de la Unidad Nº 9, procesado por el delito de “tentativa de robo calificado”. Su alegría, esta vez, sólo está emparentada con que está a punto de casarse con María Ester Coronel -once años mayor que él-, y convertirse así en el primer detenido de la provincia de Buenos Aires que contrae matrimonio fuera del ámbito carcelario.

Martín se baja del auto. Su compañera da un paso adelante y lo anticipa con un beso. Enseguida aparece la madre del recluso, con quien se confunde en un abrazo. A la mujer la vence la emoción. Y deja que las lágrimas corran por sus mejillas.

Los novios se toman de la mano e ingresan al Registro Civil de 7 y 77, a una sala que no tiene más de dos metros de ancho y cuatro de largo. El viste un traje gris oscuro, con rayas blancas, camisa a tono y una corbata con franjas en diagonal, azules y verdes, y patitos de estridentes colores. Ella luce una camisa y saco negros, y un pantalón verde que combina con su chalina. Se sientan frente a un escritorio engalanado con un mantel blanco y un florero con jazmines. A su lado, los testigos: Simona (65) y Paola (22), la madre y una de las cuatro hijas que la novia tuvo de su primer matrimonio.

Mientras fotógrafos y camarógrafos se apuran por conseguir la mejor posición, llega la oficial público Elizabet Montemuno, que rápidamente gasta una broma y permite distender el clima: “Las flores las saco, porque a ningún fotógrafo le gustan”.

La representante del Registro da comienzo a la ceremonia, pero se equivoca de acta y dice otro nombre. “Te casás con otro”, se ríe Martín. María Ester le acaricia las manos.

La oficial público continúa con el acto. Repasa los tres artículos del Código Civil referentes a los derechos y deberes entre cónyuges (del 198 al 200) y formula las preguntas de rigor. “Sí, acepto”, afirma él sin titubear. “Sí, acepto”, asiente ella en voz bajita.

“Ahora, que ya se han unido en matrimonio, quiero que se den un lindo beso”, pide Montemuno, fiel a su estilo ameno. Y concluye con unos consejos: “Las mujeres somos de gritar cuando nos enojamos, así que traten de tolerarse, de respetarse. María Ester, de vez en cuando cebale un ‘matecito' en la cama. Y que sean muy pero muy felices”.

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