: preg_replace(): The /e modifier is deprecated, use preg_replace_callback instead in /home/direcfie/public_html/includes/common.inc on line 1782.
: preg_replace(): The /e modifier is deprecated, use preg_replace_callback instead in /home/direcfie/public_html/includes/common.inc on line 1782.
Intervenciones ante el Sínodo en la mañana del 7 de octubre ...... | Amor, sexo, fiestas y sexualidad


Sitemap
Despedidas de Soltero Todo para organizar tu despedida de soltero o soltera.
Anuncios gratis Servicio de anuncios en español de forma gratuita..
Webcams sexo Webcams de sexo con chicas y chicos de todo el mundo.
Webcams sexo gratis Gente con sus webcams.
Sexo Todo sobre sexo. Enlaces, fotos y videos gratis.
Sexo y Masturbación Artículos sobre sexo, sexualidad y masturbación.
Posiciones Sexuales Posturas y posiciones de sexo comentadas.
Kamasutra Posiciones sexuales del Kamasutra.
Kamasutra Kamasutra animado.
Directorio Porno Enlaces de pornografía categorizados.
Strippers en Valencia Strippers para despedidas de soltero.
Acompañantes Acompañantes y scorts en España.
Buscador Porno Buscador de pornografía con directorio por categorías.
Sexualidad Artículos de sexo y sexualidad por sexólogos.
Pornografía Todas las respuestas sobre pornografía.
Putas y Prostitución Noticias y artículos sobre prostitución. Putas famosas.
Putas en Europa Artículos y noticias sobre la prostitución en Europa.
Directorio Sexo Enlaces de sexo por categorías.
Viajar a China Guías españoles te aconsejan en tu viaje a China.
Fotógrafo de books Fotografo para books de modelos y artistas en Valencia.
Buscador Sexo Buscador de sexo gratis.
Fiestas y Eventos Festividades y recursos para organizar acontecimientos especiales.

Syndicate

XML feed

User login

Intervenciones ante el Sínodo en la mañana del 7 de octubre ......

admin @ Sat, 2005-10-08 20:00

CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 8 octubre 2005 (ZENIT.org ).- Publicamos el resumen que ha distribuido la Secretaría del Sínodo de los Obispos de las intervenciones de los padres sinodales que tomaron la palabra en la mañana del viernes, 7 de octubre, durante la octava congregación general de la asamblea.

Se trata de un problema candente en no pocas naciones y parlamentos. Hoy los proyectos de ley y las elecciones realizadas o por realizarse ponen en grave peligro “la estupenda noticia”, es decir el evangelio de la familia y de la vida, que forman una unidad inseparable. Está en juego el futuro del hombre y de la sociedad y, por muchos aspectos, la genuina posibilidad de una evangelización integral.

Hay, como frecuentemente se escucha, una argumentación espúrea por la así llamada libre elección política, que tendría supremacía sobre los principios evangélicos y también sobre la referencia a una recta razón. El positivismo jurídico sería una explicación suficiente. Son bastante conocidas las posiciones ambiguas de legisladores sobre el divorcio, sobre parejas de hecho, que al menos implícitamente constituirían una alternativa al matrimonio, aunque estas uniones sean simplemente una “ficción jurídica”, “dinero falso puesto en circulación”. Peor aún cuando se trata de “parejas” del mismo sexo, algo hasta ahora desconocido en la historia cultural de los pueblos y en el derecho, aunque no sean presentadas como “matrimonio”.

Ciertamente aún más destructivo es presentar esta ficción jurídica como “matrimonio” y pretender el derecho de adopción de niños. Toda esta tendencia, que puede invadir muchas naciones, es claramente contraria al derecho divino, a los mandamientos de Dios, y es negación de la ley natural. El tejido social está herido de manera letal. Esto influye de manera desastrosa sobre los derechos y sobre la verdad referida al hombre, quien que ya no advierte el carácter “trascendente” de su “existir como hombre” y se reduce a un instrumento y a un objeto en los diversos atentados contra la vida, comenzando por el abominable delito del aborto.

¿Se puede permitir el acceso a la comunión eucarística a quienes niegan los principios y los valores humanos y cristianos? La responsabilidad de los políticos y legisladores es grande. No se puede separar la así llamada opción personal del deber socio-político.¡No es un problema “privado”, es necesaria la aceptación del Evangelio, del Magisterio y de la recta razón! Como para todos, también para los políticos y para los legisladores es válida la palabra de Dios: “Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente..., come y bebe su propia condena” (1 Co 11, 27.29).

En la Eucaristía está realmente presente el Señor de la familia y de la vida, del amor, de la alianza que une a los esposos. Dios es el Creador de la dignidad humana. La cuestión no se resuelve de manera coyuntural según la variedad de las actitudes en los diferentes países, ya que la conciencia de los cristianos y la comunión eclesial resultarían ofuscadas y confundidas. Todas esas cuestiones deben ser esclarecidas e iluminadas por la Palabra de Dios a la luz del Magisterio de la Iglesia, en el splendor Veritatis. Los políticos y los legisladores deben saber que, proponiendo o difundiendo los proyectos de leyes inicuas, tienen una grave responsabilidad y deben poner remedio al mal hecho y difundido para poder acceder a la comunión con el Señor que es Camino, Verdad y Vida (cfr Jn 14,6).

Me refiero especialmente a los números 6,25 - 33,34 y 18 del Instrumentum Laboris.

Este Sínodo profesa y ratifica la fe secular de la Iglesia en el augusto sacramento, que tiene excelencia sobre todos los demás sacramentos porque él contiene, bajo las especies consagradas, verdadera, real y substancialmente Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. En la Eucaristía, porque verdaderamente hombre y porque realmente presente puedo conversar con mi Señor sin temor a la pobreza de mi lenguaje y mis sentimientos; porque verdadero Dios, se abre ante mi un panorama infinito de contemplación, un terreno de seguridades y certezas. ¿Sabe el pueblo católico, con sabiduría vital, qué es verdaderamente la santa Eucaristía? La exigua participación en la Eucaristía dominical, la desaparición de asociaciones de culto eucarístico, la incoherencia entre la práctica eucarística y la vida de muchos, la costumbre generalizada de comulgar sin confesarse, la práctica sacramental de divorciados vueltos a casarse, de violentos en acción dan lugar a la pregunta: ¿sabe verdaderamente el pueblo católico qué es la Eucaristía? No se conoce con profundidad la grandeza del misterio de un Dios que se hace pan y compañia, que acampa para ofrecer su amor redentor en las tiendas del peregrinaje.

1. Una catequesis a todos los niveles según culturas, edades, condiciones intelectuales, económicas, sociales.

2. Los líderes ejecutores de este proyecto son los sacerdotes. Escogidos desde la eternidad por el Padre, han sido sellados por el Cristo. Fieles en su tarea, requieren impulso en el cansancio del camino, ayuda y comprensión en la fragilidad, necesitan guías para la santidad. Son más de 400.000, una vastísima capilaridad que no ha olvidado el mandato: "haced esto en memoria mía". Podríamos respetuosamente rogar al Santo Padre que en la Exhortación Post-sinodal los aliente y los motive. Son ellos quienes, formados y dirigidos, pueden llenar los vacíos, corregir los abusos, dar sana y fuerte doctrina. Ellos pueden motivar y dirigir a los laicos animadores de las comunidades sin sacerdote estable y celebrar la Eucaristía, cuando las circunstancias lo exigen, casi en forma itinerante. Con los sacerdotes estarán los religiosos y religiosas, las familias, los movimientos, los catequistas, los jóvenes, todos los laicos comprometidos, nutridos e impulsados por la misma Eucaristía.

Para esta empresa catequística se cuenta con dos instrumentos poderosos: el Catecismo de la Iglesia Católica y el Compendio del Catecismo recientemente entregado por el Santo Padre a la Iglesia.

3. Para el culto conveniente de la Eucaristía es necesario emprender una recuperación del sentido del misterio y de la piadosa veneración de lo sagrado. La dignidad del rito excluye la superficialidad, la banalización de lo sagrado. Los abusos opacan la riqueza de la reforma litúrgica.

4. Se impone una acción mundial para la santificación de los ministros de la Eucaristía: reflexión profunda espiritual, oración constante, jornadas de ayuno y contemplación silenciosa del rostro eucarístico de Jesús, el Señor. Ellos comunicarán esa fuerza y esa vida a toda la familia católica.

La riqueza del celibato, don precioso del Espíritu Santo, realza el ser y la figura eucarística del sacerdote. Dentro de la presente cultura sexual el matrimonio de los sacerdotes no sería una garantía ni una seguridad frente a los problemas de orden moral que afectan a algunos sacerdotes.

El Sínodo puede rogar al Santo Padre que nos dé fortaleza para apreciar cada día más en nuestra Iglesia el don inestimable del celibato y cerrar el camino a falsas expectativas que pueden crear inquietud y confusión.

1. Me refiero a la Relación anterior a la discusión, punto a2, titulado “Viri probati”, que trata del celibato de los sacerdotes católicos. El texto dice: “para atender a la escasez de sacerdotes, algunos, guiados por el principio salus animarum suprema lex, proponen ordenar fieles casados, de comprobada fe y virtud, los llamados viri probati”, en vez de dejar las parroquias sin servicio sacerdotal.

2.Existe un problema que ninguno ignora y que merece un atento examen. En la Iglesia maronita se admiten sacerdotes casados. La mitad de nuestros sacerdotes diocesanos están casados. Pero también hay que reconocer que si el recurso a los casados resuelve un problema, crea otros igualmente graves. El sacerdote casado tiene el deber de ocuparse de su mujer y de sus hijos, asegurarles una buena educación, integrarlos en la sociedad. Además, el sacerdocio en el Líbano también ha significado un medio de promoción social.

Existe otro problema para un sacerdote casado, y es cuando no tiene una buena relación con sus parroquianos. Pero su obispo no puede sustituirlo debido a la imposibilidad de trasladarlo con toda su familia. A pesar de todo, los sacerdotes casados han perpetuado la fe de ese pueblo con el que comparten una vida dura. Sin ellos esta fe hoy ya no existiría.

3.Por otra parte, el celibato es la joya más preciosa en el tesoro de la Iglesia Católica. Pero, ¿cómo conservarlo en un atmósfera llena de erotismo? Diarios, Internet, carteles publicitarios, espectáculos, todo se exhibe sin pudor y cada vez hiere más la virtud de la castidad. Naturalmente un sacerdote, una vez ordenado, ya no puede contraer matrimonio. Enviar sacerdotes a un país donde faltan (tomándolos) de un país que tiene muchos, no es la solución ideal si se tienen en cuenta las tradiciones, costumbres y mentalidades.

El problema permanece. Es necesario rezar al Espíritu Santo para que sugiera a su Iglesia las soluciones adecuadas.

En mi intervención quisiera llamar la atención sobre la segunda parte del Instrumentum laboris, es decir, la fe de la Iglesia en el Misterio Eucarístico. Más concretamente, el argumento del que me ocuparé se refiere a la conclusión de la segunda parte. El punto de partida para la reflexión es la experiencia vivida por la Iglesia local en Bielorrusia en relación a lo que se puede observar en los demás países del mundo.

- promover, sobre todo en las ciudades, la adoración eucarística, al menos en algunas horas del día, dando la posibilidad de la reconciliación sacramental; nuestra experiencia nos dice que los lugares de adoración eucarística contribuyen al incremento de la sana devoción.

Cuando experimentamos la vida de la Iglesia en la Eucaristía, no podemos esperar que se trate de una “experiencia carente de tensiones”. ¡Sin tensión no hay vida! Muchos de nosotros estamos convencidos de que existe una “liturgia tridentina” y una “liturgia posterior al Concilio Vaticano II”. Pero no es verdad. Hay liturgias diferentes y siempre ha habido un desarrollo de la liturgia. Debemos tener una gran consideración y respeto hacia la liturgia de la Iglesia oriental, pero también por el nuevo desarrollo de la “liturgia latina”.

Cuando fue elaborada la liturgia bizantina, para honorar a Cristo se recurrió al ceremonial imperial de corte, si bien se conservó contemporáneamente la fidelidad al misterio del Hijo de Dios. En este sentido deben ser admitidas también distintas formas de veneración de Cristo en Asia, África o Europa. ¡La diferencia entre la liturgia latina y la bizantina es más profunda que la existente entre el “rito tridentino” y la liturgia del Zaire”!

El estudio de la historia de la Liturgia y de los sacramentos alienta también una nueva acción litúrgica. No se puede reducir todo sólo a la obediencia al pie de la letra de determinadas rúbricas. También tenemos que apreciar el significado profundo de la liturgia que de ella mana.

En el Nº 37 del Instrumentum Laboris, se recuerda que la Santa Misa es Sacrificio Sacramental; pero, además, toda la vida de Cristo presenta un carácter sacrificial. El cristiano encuentra en la Misa un lugar privilegiado para buscar su identificación con Cristo. Por eso, la mejor respuesta de la Iglesia a la cultura secularizada es el "escándalo de la Cruz" (Ga 5,11), fundamento de la pastoral de santidad que se ha de proponer. Se sugieren dos líneas de acción: una, dirigida a todos los fieles, para hacer más asequible la confesión disponiendo horarios en momentos compatibles con la jornada laboral, facilitando la presencia de confesores antes y durante las ceremonias, promoviendo el derecho a utilizar sedes con rejilla, y no aumentando los ministros extraordinarios de la Comunión. Y otra, centrada en la santidad de los sacerdotes y de los seminaristas: se recomienda la práctica frecuente de la confesión, la selección de los candidatos al sacerdocio y el cuidado del seminario.

Un Sínodo de los Obispos hace referencia a la práctica de la Iglesia, pero es bueno que tenga en cuenta las nociones teológicas que lo pueden ayudar. La disertación sobre la Eucaristía ha sido influenciada durante mucho tiempo por el rechazo de las tendencias reformadoras. Esto ha sido necesario y ha preservado la fe de la Iglesia.

Gracias a los movimientos bíblicos, patrísticos, litúrgicos y ecuménicos del siglo XX, hemos vuelto a descubrir nuestra rica tradición. Mucho fue acogido por el Concilio Vaticano II y por los documentos sucesivos, pero mucho queda aún por entender y hacer nuestro, de manera fecunda. Se trata, en primer lugar, de: Eucaristía como completa expresión de gratitud al Dios trino, memoria (anamnesi, memoria) en cuanto carácter fundamental, sacrificio en cuanto don de sí de Jesucristo, invocación del Espíritu, comunión eucarística y unidad de la Iglesia.

Así podemos comprender mejor la riqueza de nuestra fe y además resolver algunos problemas ecuménicos. Las clásicas decisiones dogmáticas se pueden insertar bien en este contexto y siguen siendo indispensables. De este modo podemos también responder mejor al mandato que el obispo confía a cada sacerdote en la Ordenación: ”¡Sé consciente de lo que haces!”. El Sínodo de los Obispos representa una gran oportunidad para ello.

El número 54 del Instrumentum “Palabra y Pan de vida”, exige un profundo examen bíblico y teológico. Tanto la Sagrada Escritura como la Tradición patrística atestiguan la interdependencia de la Palabra y del Pan divino y la analogía (no la identidad) entre el Verbo que se hizo carne y la Palabra de Dios “encarnada” en su aspecto humano. En ambos el Cristo, Verbo de la vida eterna (1 Jn 1,3), se dona como alimento salvífico. Una estrecha relación entre la palabra y el Pan proviene de la centralidad de la Persona y de la misión del Resucitado (cfr. la narración sobre los discípulos de Emaús: la presencia de Cristo en las Escrituras prepara a los discípulos para comprender el misterio de su presencia en el pan partido).

De manera análoga el pan de la vida (Jn 6,5; cfr. 6,51) corresponde al verbo de la vida (1 Jn 1,1 cfr. Jn 6,68). El mismo paralelismo también se encuentra en la antigua tradición cristiana, por ejemplo, en Origene (Scholia in Mattheum 17,14-21), Tertuliano (De res. mort 37,11) san Irineo (adv. Haereses 4,23,22-29), san Cesario de Arlés (Sermo 78,2) y san Jerónimo: [nos] podemos nutrir de su Cuerpo y beber su sangre no sólo en el misterio de la Eucaristía sino también a través de la lectura de la Sagrada Escritura.

El ars celebrandi, en el tratamiento de la Celebración Eucarística, se refiere a la participación interior y exterior por parte del celebrante y de la congregación. Ella evidencia la importancia de un fuerte sentido de contemplación estática, casi un sacro asombro ante el Misterio de Dios que se revela y nos dona sus riquezas en la Santa Eucaristía. Exige un silencio receptivo y una reacción de oración que emana de corazones que escuchan y se abren a la acción oculta pero poderosa del Espíritu Santo.

El ars celebrandi impone serias exigencias al sacerdote que celebra el sacrificio Eucarístico: conciencia acerca del ministerio recibido con la Ordenación (“agnosce quod agis, imitar quod tractas”) y conciencia de estar actuando “in persona Christi” además que como ministro de la Iglesia universal. Ella estimula al sacerdote a profundizar su conocimiento de la liturgia, de la Escritura y de la teología y subraya la importancia de la formación permanente para los sacerdotes que ejercen el ministerio. En efecto, muchos abusos litúrgicos “se fundamentan con frecuencia en la ignorancia” o “en un falso concepto de libertad (Redemptionis Sacramentum, 7,9).

El ars celebrandi ayuda al sacerdote a colocarse en una disposición de plena fe y en una actitud compuesta durante la Misa. Por una parte, no se puede aislar de los presentes. Por la otra, no debe conducirse como un protagonista que da espectáculo de sí mismo. La Liturgia no es lo que hacemos, sino lo que recibimos en la fe.

En lo que concierne a las personas que contribuyen a la celebración Eucarística -los servidores del altar, los lectores, el coro, etc.- el ars celebrandi exige una adecuada preparación, fe, humildad y una constante atención hacia el sagrado misterio más que hacia sí mismos.

Cuando se celebra la Misa en este espíritu, ella alimenta la fe y la manifiesta intensamente lex orandi, lex credenti. Gracias a una auténtica comprensión del papel de las normas litúrgicas, tal celebración está libre de trivialidades y desacralizaciones. Hace que las personas regresen a sus casa habiendo recibido el alimento apropiado, espiritualmente fortalecidas y dinámicamente listas para la evangelización.

El papel del Obispo diocesano en lo que hace a la promoción del ars celebrandi es de importancia crucial (cf. Sacrosanctum Concilium, 41; Instrumentum Laboris, 52). Las Misas celebradas en las catedrales, en los grandes santuarios, en los centros de peregrinaje y en las grandes asambleas de fieles, deberían ser modelos de ars celebrandi.

Hablo en nombre de la Conferencia episcopal de Chad y en nombre propio.

En Chad los primeros misioneros católicos llegaron en 1929. Hoy los cristianos católicos representan alrededor del 20% de los siete millones de habitantes distribuidos en siete diócesis y una prefectura apostólica.

La Iglesia en Chad se encuentra en pleno crecimiento y vive su fe sobre todo mediante los sacramentos: el Bautismo y la Eucaristía son los pilares de nuestras comunidades. En materia de Eucaristía, nuestro país está a punto de vivir un “estreno”: un Congreso Eucarístico Nacional, que será celebrado el próximo enero. Ha sido preparado durante tres años a través de Congresos Eucarísticos parroquiales y diocesanos que, superando toda expectativa, se revelaron como verdaderos éxitos.

Las celebraciones eucarísticas dominicales son los momentos de la semana más esperados por las comunidades, tanto en los grandes centros como en los poblados más alejados. La Eucaristía ocupa un lugar muy importante en la vida de nuestras comunidades y en la de los fieles. Todas las celebraciones eucarísticas, sobre todo las dominicales, son momentos de fiesta. Constituyen la expresión de nuestra salvación y el signo de nuestra unidad. Los cristianos están orgullosos de participar. La liturgia está viva gracias a los cantos y a las danzas de los cristianos en los distintos momentos de la celebración. La gran participación de los niños y de las mujeres hacen aún más festiva y alegre esta liturgia.

Las diócesis no tienen un número suficiente de sacerdotes para hacer frente a las necesidades de las comunidades cristianas, por ello muchos cristianos el domingo se quedan sin celebración eucarística y sin comunión.

Los ministros extraordinarios de la Eucaristía no están suficientemente preparados para este ministerio. En ausencia del sacerdote con frecuencia los fieles confunden la celebración eucarística con la celebración de la Palabra de Dios. Tal confusión llega a ser aún más grande cuando ésta última se asocia a la comunión eucarística.

La pérdida del sentido de lo sagrado es uno de los problemas más importantes que hoy encontramos en las celebraciones litúrgicas. El sentido de lo sagrado es una realidad que actualmente se les escapa a los fieles y, por diversas razones, no forma parte de su patrimonio cultural.

Otro problema está causado por el escaso número de fieles que comulgan durante las celebraciones eucarísticas a causa de su situación matrimonial: retraso en la regularización del matrimonio, miedo al sacramento del matrimonio, poligamia... Esta misma situación la viven las parejas mixtas.

Ante todos estos problemas, habría que organizar una catequesis para examinar en profundidad la fe de los cristianos adultos.

Es necesario pensar en la institución del diaconado permanente para que las comunidades cristianas puedan beneficiarse cada domingo de la comunión eucarística.

Es necesario reavivar oficialmente la institución de los ministros extraordinarios de la Eucaristía, aunque tanto el problema de los medios de transporte, en vista de las grandes distancias, como el económico siguen sin resolverse.

Más allá de todas estas alegrías, y a pesar de las preocupaciones y los difíciles intentos para encontrar soluciones, la Eucaristía sigue siendo para nuestra Iglesia el centro de toda la vida cristiana y de nuestras celebraciones. Que la Eucaristía se convierta en fuente y cumbre de la vida y de la misión de esta joven Iglesia Familia de Dios que está en Chad.

En el número 50 del Instrumentum Laboris se señalan algunas disposiciones para recibir dignamente el Cuerpo de Cristo. Su consideración me da pie para comentar un aspecto importante en esta materia: la distribución de la comunión en la mano. En los términos en que se contemplaba inicialmente esta práctica -limitada a grupos de personas con buena formación- es una opción aceptable, ciertamente. En este caso no se corre el peligro de que se comentan algunos abusos que desgraciadamente se producen cuando se distribuye la comunión en la mano de modo indiscriminado, es decir, sin la garantía de que quienes la reciben tengan formación suficiente y una intención recta. Para quienes conocen estos riesgos, esta práctica se convierte además en fuente de tensiones: tanto para el sacerdote, que debe interpelar a quienes no consumen la forma consagrada inmediatamente, como para los demás fieles que presencian estas situaciones. En definitiva, por respeto al Santísimo Sacramento, y como medida prudencial, considero necesario que esta asamblea estudie la oportunidad de sugerir normas para limitar esta práctica a pequeños grupos de personas de cuya buena fe y formación se tiene constancia.

Sin embargo, en muchas Diócesis, a causa de la falta de sacerdotes es difícil que haya una oferta adecuada en este sentido y es probable que esto ocurra cada vez.

Las secciones 55 y 56 del Instrumentum llaman la atención sobre algunas consecuencias de tal situación: celebraciones de la Palabra que sustituyen la Santa Misa corren el riesgo de reducir el culto cristiano a un simple servicio de asamblea. Puede surgir una confusión acerca de la diferencia entre el ministerio ordenado y no ordenado. No deberíamos agregar a esto el peligro que los sacerdotes tengan que asumir un papel casi exclusivamente inherente al culto, poniendo, de este modo, en riesgo, la dimensión profética o pastoral del ministerio ordenado? Y no constituye una parte importante de nuestra Tradición el hecho de que exista un estrecho vínculo entre presidir la Eucaristía y presidir una comunidad de amor?

ya progresos, pero quisiera subrayar la necesidad de efectuar una aproximación más urgente al problema. Si la Eucaristía es la fuente y la cumbre de nuestra vida y misión, no debería ser nuestra prioridad una adecuada oferta de su celebración? Y durante cuánto tiempo aún las comunidades deberían ser comunidades “en espera del sacerdote”?

Por estos motivos, propongo que la Santa Sede consulte a los Obispos sobre las dimensiones del problema y solicite nuestra opinión acerca de cuál puede ser la mejor manera de hacer frente a la cuestión en los países donde la necesidad es muy grande.

El Instrumentum Laboris, en el nº 47, lamenta el hecho de que “no siempre se cuida adecuadamente el modo de proclamar la Palabra de Dios”.

Para subrayar la importancia de la Liturgia de la Palabra durante la celebración de la Eucaristía, en primer lugar, en nuestras parroquias debería existir una adecuada organización del Ministerio Pastoral Bíblico (Apostolado Bíblico). A través de él, se enseña a los fieles el respeto y la veneración por la Palabra de Dios (cf. Dei Verbum, nº 21). Las Biblias están en los hogares, en las comunidades e Iglesias cristianas para la veneración y la oración, como la Eucaristía se conserva en nuestra Iglesias y capillas para la adoración y la oración. Los fieles aprenden a leer, rezar y meditar la Palabra de Dios que está viva, es activa y poderosa. Sería una ayuda para los ministros, ordenados y no ordenados, proclamar la Palabra de Dios con mayor convicción durante la celebración litúrgica, y los fieles la acogerían mejor, con la debida atención y veneración. Una adecuada organización del Estudio Bíblico y de los grupos de reflexión sobre el Evangelio, especialmente a nivel de pequeñas comunidades cristianas, prepararía a los fieles a escuchar de manera más atenta y provechosa la Palabra de Dios cuando se proclama durante la celebración de la Eucaristía.

En segundo lugar, la importancia de la homilía, que explica la Palabra de Dios a los fieles, debería ser enfatizada. Une la Palabra con la Eucaristía y permite que los presentes puedan continuar viviendo la Eucaristía, den testimonio de ella con la caridad y vayan de misión al final de la celebración. Se debería hacer un esfuerzo para enseñar que las profecías del Antiguo Testamento se cumplen en Jesucristo, la última palabra que Dios ha dicho a la humanidad, y que continúa diciendo hoy su palabra de salvación en las situaciones concretas de la vida. Sin la homilía, la celebración eucarística podría considerarse un acto mágico. Es la homilía que diferencia la celebración cristiana de la Eucaristía de los sacrificios de las religiones tradicionales africanas, que a menudo van acompañadas de invocaciones y fórmulas mágicas, a veces en lenguas que los participantes no comprenden.

En tercer lugar, la solemne procesión con el Libro del Evangelio justo antes de su proclamación (el Breve ingreso bizantino) entendido “como mística entrada del Verbo encarnado y como signo de su presencia en medio a la asamblea de los creyentes” (nº 46), no es suficiente para iluminar la importancia de la Liturgia de la Palabra. En algunas Iglesias Particulares de África, por ejemplo, en muchas diócesis de Camerún, la Liturgia de la Palabra se introduce con un solemne Leccionario o una Procesión de la Biblia que empieza inmediatamente después de la Oración inicial y no justo antes de la proclamación del Evangelio. Se invita de este modo a la asamblea a escuchar la Palabra de Dios con la misma atención y respeto con la cual escucha a un soberano tradicional cuando se dirige a ella o cuando le proclama algún mensaje. Todo esto contribuiría a resaltar la importancia de la Palabra de Dios y a subrayar el hecho de que es Dios en persona quien habla a su Pueblo cuando su Palabra, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, se proclama en la celebración Eucarística. Los fieles escucharían con mayor reverencia, la misma que tienen en el momento de la Consagración.

a) La Eucaristía como alimento: Las Escrituras hablan del alimento como de una exigencia terrena fundamental, a la cual se hace referencia en la creación, en el desierto del Sinaí, en la “Oración del Señor”; la multiplicación de los panes expresa su “suficiencia y abundancia”; la Eucaristía indica su profunda santidad. El alimento, al mismo tiempo que mantiene nuestro cuerpo unido al espíritu, tiene una finalidad espiritual; recibido como pan cotidiano, como satisfacción en el espíritu de los “pobres”, se convierte en algo santo. Si lo tratamos con avidez, el alimento pierde esta cualidad de sagrado. La opresión, la muerte de tantas personas por falta de alimento, es inmensamente “no eucarística”, una situación pecaminosa muy humillante de nuestros tiempos de progreso, que nos hace menos dignos de celebrar la Eucaristía. Muy concretamente, la Iglesia, localmente, a nivel parroquial y diocesano, y a más altos niveles, como el de las naciones y comunidades internacionales, debe afrontar esta situación de modo substancial, como obligación y como tarea eucarística.

b) La Eucaristía como Cuerpo: La Eucaristía como cuerpo de Cristo indica que nuestro cuerpo es santo y Eucarístico, y no un peso y un obstáculo para nuestro espíritu. Entre cuerpo y espíritu existe una comunión, no una dicotomía. Debemos cuidar “espiritualmente” de nuestro cuerpo. El Cuerpo doliente de las personas con enfermedades difíciles, de los ancianos y de los moribundos, de los minusválidos graves, de todos aquéllos duramente oprimidos y violados en el cuerpo, participa en el misterio de la Eucaristía, manifestando fuerza interior, gloria y belleza. Gracias a sus heridas, unidos al Señor, somos sanados.

c) La Eucaristía como Comunidad: La misma celebración eucarística, al crear la unión sacramental y mística con Jesús, debe conducirnos a una comunión cada vez más sólida con la comunidad local. Concretamente, se puede disponer que las Ofrendas durante la Celebración Eucarística se den directamente a los pobres de la comunidad local, de manera que nuestras obras de caridad broten directamente de la Eucaristía y, de ese modo, sean más espirituales y místicas, más atractivas y eficaces para crear comunión entre la comunidad.

d) La creciente situación ecuménica e inter-religiosa exige una presencia más significativa de los no católicos y de los no cristianos en nuestra Eucaristía, para manifestar una mayor cercanía con nosotros. En el ámbito de una reflexión doctrinal y pastoral más amplia, sería posible una participación máxima o una presencia activa por su parte, incluidos todos aquéllos que no pueden recibir la Eucaristía.

En el número 49 del Instrumentun Laboris se dedica un pequeño párrafo a la Epíclesis.

1. Sería ventajoso que se concediera mayor espacio a las numerosas oraciones eucarísticas utilizadas en las liturgias orientales con la finalidad de presentar una visión completa del tema del Sínodo.

Según esta tradición, Consagración y Epíclesis están íntimamente ligadas ya que se refieren a una concepción global de la economía salvífica que se desarrolla desde la creación hasta la Parusía.

Las oraciones eucarísticas conceden un importante espacio al papel del Espíritu Santo que vivifica y hace divinos no sólo el pan y el vino, sino también a toda la comunidad cristiana reunida para celebrar los Santos Misterios.

Con mayor precisión, el papel del Espíritu en la celebración eucarística está vinculada a su papel en la resurrección de Cristo. Efectivamente, el altar representa la tumba, mientras que las especies del pan y del vino simbolizan el cuerpo y la sangre de Cristo inmolado en la cruz y sepulto. Cristo ha sido resucitado por la fuerza del Espíritu y lo mismo sucede con las especies: el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo resucitado. La oración eucarística de Santiago, del IV siglo, es muy ilustrativa al respecto.

Es evidente que la dinámica de la Epíclesis no está cerrada en sus propios límites sino que, más bien, tiene una dimensión eclesial infinita.

El Fuego y el Espíritu están asociados al pan y al vino eucarístico ya que traducen la misma realidad neumática, actuando por medio de la Biblia y, más precisamente, en el Bautismo de Cristo, en su Resurrección y en la Pentecostés. A los ojos de Efrén, el mismo neuma también actúa a nivel de la vida cristiana personal y comunitaria.

Recibir el Espíritu recibiendo el cuerpo eucarístico de Cristo significa constituir y edificar el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, animada por el Espíritu. Por lo tanto, la Eucaristía tiene, al mismo tiempo, una dimensión crística, neumática y eclesial.

Poner nuevamente el acento en la Epíclesis demuestra que la Iglesia admite el pluralismo y toma de su propia tradición, oriental u occidental, las riquezas de su patrimonio multiforme.

1. Es importante para nosotros como Iglesia, recordar que las pequeñas comunidades de católicos tienen el mismo derecho de participar en la Eucaristía que sus hermanos y hermanas de las parroquias más grandes y. atareadas. Nosotros, como Iglesia, tenemos continua necesidad de abrirnos para encontrar modalidades a través de las cuales la Eucaristía puede ser fácilmente accesible para todos nuestros fieles. “Entonces le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan” (Jn 6, 34). Debemos ser sensibles a las preguntas que los fieles, con frecuencia, nos hacen, por ejemplo: “Por qué parece ser posible que los sacerdotes que se casaron por la Comunidad Anglicana, puedan ser ordenados y se desempeñen como sacerdotes católicos, mientras ex sacerdotes católicos que obtuvieron la dispensa de su voto de celibato, no pueden desarrollar ninguna función pastoral?

2. Es necesario estimular continuamente a nuestros sacerdotes y diáconos a ser lo más eficaces posible en las homilías para dar alimento, esperanza e inspiración a nuestras comunidades. Buenas homilías hacen que la congregación entre en la Liturgia Eucarística con fe más profunda y amor por el Señor. Que nuestro Pueblo pueda ser guiado siempre con buenas homilías en compañía de Jesucristo, cuando Él lleva a los fieles desde la mesa de la Palabra hasta la mesa de la Eucaristía.

Mi intervención hace referencia a la IIIª parte del Instrumentum Laboris, “Eucaristía en la vida de la Iglesia”, capítulo IIº, n° 66: “Actitudes de adoración”.

Al menos en el mundo occidental, la genuflexión se usa cada vez menos. Prácticamente, ya no nos arrodillamos durante la celebración de la misa. Dado que durante la semana las iglesias suelen estar cerradas, la visita al SS. Sacramento resulta a menudo imposible.

Sería bueno recordar la importancia del testimonio de cristianos y comunidades que no dudan en ponerse de rodillas para dar testimonio de la grandeza y de la cercanía de Dios en la Eucaristía.

Ante la Eucaristía, el hombre reconoce que tiene necesidad de Otro que le dé nuevas energías para las batallas de la vita. Un mundo sin adoración sería un mundo únicamente a la medida del hombre. Un mundo que fuera solamente un mundo de producción, haría la vida irrespirable. Un mundo sin adoración no sólo es irreligioso, ¡es un mundo inhumano!

Una cierta oposición artificial entre las homilías de carácter doctrinal y las litúrgicas ha impedido la formación catequética de los fieles para poder vivir su fe en el mundo de hoy, secularizado. Esta falsa dicotomía se puede superar solamente mostrando que el aspecto doctrinal es el que capta el sentido más profundo de la Sagrada Escritura, análogamente a cuanto hace la misma liturgia: hacernos encontrar con Cristo, nuestro Redentor.

Propongo, por tanto, que el Sínodo haga propia la recomendación (cf. Nº 47) que consiste en pedir que se prepare un programa pastoral - no para imponerlo, sino para proponerlo a quienes predican en las celebraciones eucarísticas dominicales - sobre la base de la repartición en tres años del Leccionario, enlazando la proclamación de la doctrina de la fe a los textos bíblicos en los que radican esas verdades, y haciendo referencia al Catecismo de la Iglesia Católica y a su Compendio recientemente publicado.

Tal como hemos escuchado en la intervención del Relator General, el "asombro" por la Eucaristía es una actitud que corresponde a su santísima realidad. Efectivamente, la actitud de adoración debe caracterizar ya la modalidad de nuestra participación en la misma celebración eucarística. La adoración hacia Cristo presente en la Eucaristía, también fuera de la Misa, es realmente una consecuencia de nuestra fe respecto del misterio celebrado. De este modo, Dios que es Otro en relación a todo el mundo creado, aunque esté presente en todas partes en este mundo, se encuentra con el hombre en el modo más intenso en la santísima Eucaristía. De esta manera, Cristo se convierte en fuente de nuestra vida cristiana, comunitaria e individual, y de toda la misión de la Iglesia.

Es un gran valor si una persona desea ardientemente la Comunión en la Iglesia católica, pero es necesario andar un camino adecuado para llegar a ella: cambiar la propia vida, recibir el sacramento de la penitencia, etc. Estos pasos se deben dar realmente, objetivamente. El deseo emocional no basta, recibir la Eucaristía no es algo que se pueda vivir con mentalidad de consumo.

Parece ser necesario que los sacerdotes y también los fieles reciban una orientación clara mediante la promulgación de reglas disciplinarias acerca de estos puntos, como también a propósito de la celebración del sacramento de la penitencia durante la Misa. Una consecuencia de la santidad especial de la Eucaristía es la apertura hacia los pobres. En nuestro país, el momento más importante que expresa la solidaridad hacia los pobres es la colecta durante la Misa.

Deseo destacar que en el nº 56 del documento se expresa gratitud hacia los Catequistas. Estoy seguro de que bien se merecen esa gratitud, especialmente en sitios donde la Iglesia confía tanto en la presencia y la aportación de los Catequistas.

¿No se podría hacer una afirmación parecida para los muchos miles de sacerdotes que, a menudo en circunstancias muy difíciles, ejercen un insustituible ministerio con la celebración de la Eucaristía, tema que el Sínodo ha considerado tan atentamente, como parte del Año de la Eucaristía?

Muchos sacerdotes ancianos a menudo cargan con gravosas responsabilidades durante mucho más tiempo que sus coetáneos en la sociedad. Estos mismos sacerdotes tienen responsabilidades pastorales sobre un número de gente mucho mayor que en los primeros años de su ministerio sacerdotal. Muchos sacerdotes hacen viajes de grandes distancias para servir a las comunidades desperdigadas en el territorio, mientras otros celebran la Eucaristía y los otros sacramentos para un gran número de personas con poca ayuda. Muchos sacerdotes más jóvenes tienen delante un futuro que saben ya que está lleno de desafíos por el bajo número de sacerdotes con los que compartirán su ministerio.

inexpresiva” del misterio. El desafío para la Iglesia en África es el discernimiento. La liturgia debe conducir al interior, dentro del misterio. En el discernimiento las danzas litúrgicas y los otros elementos de la inculturación, es necesario tener en cuenta su capacidad para conducir hacia dentro del misterio para que puedan ser aptos para la liturgia. Debe haber espacio para que el misterio pueda hablarnos, de modo que se tengan ampliamente en cuenta, los aspectos ascendentes- hacia Dios y del aspecto descendente- santificante del Misterio Pascual. Sólo esta “interioridad-ascendencia” del aspecto festivo de la Iglesia en África podrá enriquecer de manera auténtica la celebración del misterio Eucarístico.

La celebración de la Eucaristía como sacrificio de la Cruz requiere también un enfoque contemplativo. Para tal fin, los esfuerzos de inculturación en la celebración litúrgica de la Eucaristía deben estar impregnados por un profundo sentido sacramental, para que los aspectos exteriores sean una auténtica “exteriorización” del misterio que se celebra. La “creatividad” en el proceso de inculturación pierde orientación si no posee una profunda compresión del Misterio.

Hablo en nombre de la Conferencia Episcopal de Malawi, y me refiero al n. 70 del Instrumentum Laboris, que aborda el tema de la Eucaristía dominical.

La Eucaristía constituye el verdadero centro, la fuente y la cumbre de nuestra vida cristiana; sin embargo, de hecho el 80% de los fieles de Malawi no puede participar de la Eucaristía todos los domingos. Y no sólo, muchos de ellos no pueden participar ni siquiera una vez al mes debido a la escasez de sacerdotes. Para la mayoría de nuestros fieles es la Palabra de Dios la que está verdaderamente presente de forma constante. Tenemos que promover una participación compartida de la Biblia que ofrezca mejores métodos de lectura de la Palabra de Dios, como es la “Lectio divina”.

Actualmente el reto que deben afrontar Malawi y otros países es el de hacer de la Eucaristía lo que es: el centro de la vida cristiana. ¿Qué podemos hacer para que todos los fieles tengan la oportunidad de participar en la celebración eucarística todos los domingos? Considerando la escasez de ministros ordenados ¿cómo podemos hacer para que la Eucaristía esté en el centro de la vida cristiana?¿Qué podemos hacer para que la Santa Misa sea accesible a todos los fieles y así proveer a su alimento y a su crecimiento espiritual? La Iglesia tiene la tarea de encontrar los medios idóneos para afrontar este reto.

Damos gracias a Dios porque en Malawi tenemos un gran número de vocaciones para el sacerdocio. La formación de los seminaristas, nuestros futuros sacerdotes que son ministros de la Eucaristía, tiene una importancia crucial. Sin embargo, nuestro compromiso para llevar a cabo esta tarea esencial está obstaculizado, a veces, por una seria y crítica falta de recursos adecuados y eficaces tanto humanos como materiales. Creemos que un auténtico compromiso para compartir e intercambiar los recursos entre el norte y el sur puede transformar las condiciones de nuestras comunidades, dotándolas de sacerdotes bien formados que puedan hacer un servicio pastoral completo para el pueblo de Dios. Los recursos del norte unidos a los nuestros podrán contribuir a la formación de nuestros futuros sacerdotes.

This is cache, read story here