admin @ Sun, 2005-10-09 02:00
Como bajista, cantante y compositor de Pink Floyd y de sus trabajos solistas, Roger Waters siempre ha sido conocido por su intención de abocarse a proyectos ambiciosos, con grandes gestos y detalles meticulosos.
Así que a nadie debe sorprenderle que su nueva ópera sobre la Revolución Francesa haya sido pensada por más tiempo que la revolución misma.
La misión de Waters, como la de los rebeldes que destronaron a Luis XVI, fue influenciada por fuerzas más allá de su control. Sentado en su vasta y elegante casa sobre un lago en los Hamptons, lugar en el que Luis XVI se habría sentido cómodo, el rockero de sesenta y un años explica cómo nació "a Ira", su primera ópera clásica.
"En 1987 o 1988, Etienne y Nadine aparecieron con un manuscrito", cuenta Waters refiriéndose al cantautor francés Etienne Roda-Gil y su mujer, quien años atrás murió de leucemia. "Estaba escrito a mano, con ilustraciones de Nadine. Me preguntaron si le podía poner música."
Para finales de 1988, un casete que grabó Waters se abrió camino hasta el escritorio del entonces presidente Franois Mitterrand, quien quedó lo suficientemente impresionado para sugerirle a la Opera de París el considerar la puesta de la ópera como parte de las celebraciones por el bicentenario de la revolución del año siguiente.
"Pero cuando parecía que iba a salir -recuerda Waters- me quedé estancado por el hecho de que: a) soy inglés, y b) estuve en un grupo de pop y se sabe que los franceses son reacios a permitir el movimiento entre disciplinas. Luego murió Nadine y archivamos el proyecto. Lo retomé en el 95."
Diez años después, "a Ira" apareció como un álbum doble. El celebrado barítono bajo Bryn Terfel, la soprano Ying Huang y el tenor Paul Groves aparecen en la grabación de esta ópera en tres actos, que tendrá su estreno mundial el 17 de noviembre en el Auditorium de Roma.
El novel compositor clásico basó las letras en el libreto original en francés de Roda-Gil. "Hay elementos que fueron pura invención mía", asegura Waters, citando como ejemplo la primera escena, en la que una joven y complaciente María Antonieta confronta a un niño con tendencias revolucionarias.
Inicialmente Waters se resistió a querer trazar paralelos entre la Francia de fines del siglo XVIII y las condiciones sociales actuales. "Pero luego pensé que en Francia, por entonces, uno tenía esta estructura rígida, hereditaria, en la que se consideraba que el rey era instruido divinamente por Dios y tenía absoluto poder. Luego estaban la nobleza y el clero, pero la mayoría de la gente no tenía nada."
"Esa es más o menos la situación que se vive ahora en algunas naciones civilizadas de Occidente. Pienso que George W. Bush cree que opera con una licencia del Altísimo. Y tenés a una muy pequeña porción de personas que controlan el 99 por ciento de las cosas en el mundo, mientras que el resto vendría a ser como los campesinos franceses."
Esta clase de frustraciones pesaron en la decisión de Waters de reunirse con sus ex compañeros de Pink Floyd en julio pasado para el Live 8, el megaconcierto que promovía la condonación de la deuda externa africana. Pero no por eso hay que esperar un próximo disco de estudio de Pink Floyd; cuando Waters regrese a la escena pop, lo hará por su cuenta.
"Trabajé en un montón de canciones, y tengo distintas ideas sobre cómo ponerlas todas juntas", cuenta el artista, cuyo último disco de rock fue "Amused to deathe" en 1992. "Tengo la sensación de que aquéllas con temas políticos irán por un lado y las otras sobre amor y pérdida por otro."
Waters también está desarrollando una versión musical del clásico de Pink Floyd "The wall". Y destaca que quizás dependa del veredicto que reciba "a Ira" por parte de sus viejos fans.
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