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¿Sabe con quién andan sus hijos?... | Amor, sexo, fiestas y sexualidad


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¿Sabe con quién andan sus hijos?...

admin @ Sun, 2005-10-09 05:00

No rechazar ni juzgar sin conocer a los pares de los muchachos es la regla de oro. Por el contrario, antes de escandalizarse, la estrategia es atraerlos a la casa para saber si es conveniente o no. Una mirada vigilante, pero no invasiva es otro consejo de los psicólogos.

Alex superó esa mezcla de temor y timidez que siente al hablar con sus padres sobre lo que más le gusta: las chicas. Ahora que está ‘parchado' con ‘Xime' decidió tirarse al agua y contarle a su mamá.

La reacción materna no fue tan dramática como él esperaba. Pero un mes después, apenas supo que Alex había perdido química y español, doña Fanny montó en cólera y le enrostró: “Es por culpa de esa muchachita, desde que anda con ella, comenzó a irle mal en el colegio”.

Actitudes como esa generan rupturas entre padres e hijos. Mientras éstos se sienten solos e incomprendidos, los primeros no saben cómo enfrentar lo que ellos llaman ‘amistades peligrosas' o esa novia o novio ‘que no le conviene'. Y aparece el dilema: ¿Hacer uso de su autoridad o ser permisivos con el temor de que cuando actúen ya no haya nada qué hacer?.

“Cuando se trata de ganar la confianza de los hijos, es importante no fallar. Es decir, que no usemos lo que nos cuentan para regañar o para sacar en cara sus errores, sino que lo respetemos”, dice el psicólogo Santiago Lleras, miembro del Centro de Servicio e Investigación de la Universidad Javeriana.

Los expertos advierten que más que detectar y controlar con quién andan sus hijos, lo importante es ayudarles a formarse un criterio sobre la conveniencia o no de ciertas compañías y a tomar sus propias decisiones.

Es un proceso que requiere espejo retrovisor ya que la construcción de la confianza o la solidaridad comienza en la infancia.

Aunque se habla de la calidad de tiempo que los padres dedican a los hijos, “la cantidad también hace calidad. No se puede pretender establecer un vínculo estrecho y conocer a un hijo si no lo ves lo suficiente desde niño”, afirma Lleras.

“Si un papá le pregunta a su hijo desde niño cómo le va en el colegio, qué piensa, cómo se siente, no va a ser extraño que le siga preguntando en la adolescencia lo mismo. Pero si nunca lo ha hecho y de un día a otro aparece preocupado por lo que piensa y lo que hace el hijo, y le insiste, eso lo va a leer el muchacho como fuera de lugar”.

Igualmente, señala que los papás dejan la educación de los hijos en las madres, cuando son indispensables los dos. “Uno solo lo puede educar, pero es más enriquecedor para un hijo poder contar con el punto de vista de ambos, confiar en ciertas cosas más en uno que en otro”.

Por ejemplo, si hay un clima de confianza, será más fácil para el joven hablar con su padre sobre la atracción que siente hacia las chicas o lo que pasa en su cuerpo. Igual sucede a las niñas con su madre. “Eso ayuda para que en situaciones más graves los muchachos puedan confiar en sus padres sin temor a la represalia o al regaño”.

Por eso es tan necesario el acompañamiento de los adultos. “De lo contrario será el amigo, la empleada del servicio, el primito o el vecino quienes les trasmitan influencias no acordes con nuestros valores. No esperemos que lo haga otro”, anota Lleras.

Destaca que el colegio es una institución importante, “pero no podemos pedir a un profesor que le enseñe a 40 chicos lo que nosotros no hemos podido a uno o dos”.

En su opinión es importante generar desde la infancia un efecto de lo que queremos que sean, pero siendo consecuentes. “No se les puede pedir a ellos que cumplan sus compromisos si nosotros no los cumplimos. Por ejemplo, un padre que establece una relación fuera del matrimonio, es decir, que rompió la promesa del amor de pareja, su forma de romper la norma es buscar amistades inadecuadas o consumir drogas”.

Cuando un hijo tiene esas amistades que nos crispan el pelo, lo último que se debe hacer es rechazarlos. Los adolescentes resienten mucho porque los adultos discriminan a sus amigos y los prejuzgan ¡sin conocerlos!

Descarte expresiones como “te prohibo que andes con fulano porque sí o porque yo quiero”, porque la lectura que ellos hacen no es la del amor y de la preocupación que tienen sus papás por él, sino la del rechazo y la injusticia, a la que son muy susceptibles.

Por lo tanto, la estrategia es atraer a esos amigos a la casa con un ‘Bueno, por qué no invitamos a Frank a comer un fin de semana'. Es la oportunidad de ver cómo es ese amigo, cómo interactúa, qué piensa, y detectar qué tan conveniente es para mi hijo o no, si tiene valores parecidos a él o no”, sostiene Lleras.

Incluso, los padres deberían casi ‘adoptar' esos amigos como muestra de aceptación pese a las diferencias. Aunque el hijo justifique ‘él casi no consume drogas' o ‘él quiere salir de ahí', lo ideal es ayudarle a buscar apoyo.

Sin embargo, hay casos en los que es inevitable ser autoritario, pero es preciso tener muy buenos argumentos para que esa intervención no salga desde el capricho o el autoritarismo.

“La adolescencia es la etapa de las argumentaciones. Primero habría que escuchar las del muchacho para tener ese amigo, y el padre también entrar a exponer el porqué ve al amigo como inconveniente”, dice la psicóloga Jacqueline Garavito, docente de la Universidad Javeriana.

“No tenemos por qué permitirte andar con alguien de conductas delictivas o consumo de drogas, porque tengo que preocuparme por ti y esa responsabilidad es mía” sería el argumento en una opción extrema.

Algunos muchachos se quieren convertir en salvadores de otros que están en situaciones difíciles. “Esa es una intención frecuente a su edad, la de sentirse tan poderosos u omnipotentes que les atrae la meta de sacarlos de la droga, de la delincuencia, pero se hunden cuando no tienen la suficiente claridad para pensar que no están tan fuertes para salvar a los otros”, plantea la psicóloga Nibia Guardela, coordinadora del área de salud mental de la Secretaría de Salud Municipal de Cali.

Jacqueline Garavito advierte que infortunadamente los padres delegan el cuidado de sus hijos hasta en el portero de las unidades residenciales.

“Los padres creen que en un conjunto cerrado, los jóvenes están seguros. Nada más equivocado. Tal vez están a salvo de la delincuencia común, pero no de experiencias porque en las zonas comunes conviven los más pequeños con los más grandes”.

Así pasó con Pablo, de 15 años. Mientras aprendía a fumar, siempre aparecía el intenso Manolito, su vecinito de 7 años, que le pedía dejarlo experimentar. Y Pablo, para quitárselo de encima, le dio. A los 10 años, Manolo ya tenía matrícula condicional por estar demostrando sus habilidades ‘de grande' ante sus compañeros de colegio.

“Es una situación muy complicada porque el objetivo de todo niño es ‘ser grande' y de ahí que el riesgo es muy alto. Igual sucede con la ingesta de alcohol y más preocupante si hay consumo de psicoactivos”, sostiene Lleras.

Con el agravante de que a la empleada no le hacen caso; al vigilante lo seducen con una cajetilla de cigarrillos y sus pares están tan expuestos como ellos.

No obstante aconsejan tener una mirada vigilante, pero no invasiva, no espiar llamadas ni esculcar bolsillos o armarios. “Lo esencial es que él sepa que alguien está pendiente, se preocupa, pregunta dónde y con quién estuvo, quiere conocer a los amigos y propicia espacios para compartir con ellos”.

Los jóvenes emproblemados suelen buscar aliados en los otros. Como Mario, un adolescente muy solo, que Enrique llevó a su casa y siempre hacía comentarios que desprestigiaban a los adultos. “Él lo hacía porque no conoce a adultos distintos, su familia está desintegrada, esa es su experiencia, y porque en el fondo quisiera tener los padres que tiene Enrique”, explica Lleras. Fue la ocasión para hacerle pensar a Enrique en la familia que tiene, en sus padres que están pendientes de él. “Así aprendí a valorarlos y darles su lugar”, admite.

Por esa compañía que pone nerviosos a los papás, hay que ayudarle a construir ese criterio de qué le conviene, cómo elegir a sus pares y plantearse por qué habría de ser amigo de alguien que cuestiona lo que es él o habla mal de sus papás. “Se trata de ayudarles a ser críticos frente al discurso de los pares”, dice.

Por ejemplo, un muchacho que va con sus amigos a escuchar una ‘música extraña' a la casa, de alguna manera quiere que sus padres escuchen lo que él escucha, y puede ser un tema de conversación, no de discordia. En vez de gritar: “Qué es ese escándalo, apague eso”, pregúntele qué grupo canta, dése el trabajo de escuchar las letras de sus canciones”, añade Lleras.

Además, los adultos también suelen ser invasivos en los espacios hogareños. “¿Acaso el domingo por la tarde el papá no pone el equipo a todo taco con salsa, rancheras o boleros mientras toma cerveza con los amigos de la cuadra? Veamos cómo las reglas no son sólo para ellos, sino para todos”, aconseja.

Hacer amigos debería ser una función fundamental en la familia, ya que la amistad es un valor importante. “De acuerdo con el tipo de amigos de los padres, el hijo va formando los suyos. Por lo tanto, los papás no pueden darles ni enseñarles a sus hijos lo que no tienen. Ni exigirles lo que ellos no han construido”, sentencia la psicóloga Nibia Guardela.

“En el hogar el hijo aprende que es importante en la vida construir amistades duraderas, honestas y solidarias”, añade.

Hablar, hablar y hablar mucho y saber escuchar. “Los padres cometemos el error de aconsejar y eso el hijo lo lee como un regaño, y así el hijo pierde la autonomía de tomar decisiones”, dice Nibia Guardela.

El padre tiene que ponerle las cartas abiertas: pregúntele qué hace y qué sueña y que sea él quien decida si le conviene o no, si es honesto, si está construyendo una vida, es decir, si es acorde con los principios que la familia está defendiendo.

La función del padre no es elegir éste sí o éste no, sino que él decida. “De pronto se puede demorar o no, pero déjelo vivir la experiencia y que él mismo confirme si vale la pena o no”, reitera Nibia Guardela.

Yo también... “La falla que cometemos los padres es mostrarnos como un modelo que nunca se equivoca. Y un padre que admite ante sus hijos sus errores, es una buena manera de aproximarse a ellos como seres humanos, que pueden errar, pero que pueden volver a levantarse”.

Es hacerles saber que a pesar de los errores, ahí van a estar los padres para respaldarlos y acompañarlos en sus decisiones. Una manera eficaz de acercarse a ellos es cuando uno les dice: “A mí me pasó esto cuando estaba joven'.

Por ello, presa de muchas incertidumbres y riesgos, los jóvenes están muy solos de adultos. Con tan poca orientación y tanta confusión pueden caer en una compañía inapropiada.

Sin embargo, los adultos pueden tener una influencia muy positiva, porque cuando los muchachos están en crisis o deprimidos, acuden siempre al adulto más cercano, ya sea un vecino, una tía, que le generan más confianza que sus padres. Aún así, “hay que ser conscientes de que el amigo es la primera persona que se sabe el cuento completo y esa confianza es muy diferente de la que se tiene con los padres. Por lo tanto, deben ser muy intuitivos y buenos observadores, porque los jóvenes no llegan a contar sus cosas de una vez; ellos esperan más la pregunta ‘qué les pasa' o ‘cómo están'”, afirma Jacqueline.

Conocerse con los padres de los amigos de los hijos es un mecanismo preventivo que permite tener información sobre quiénes son las otras familias, y tomar decisiones. “Por ejemplo, si puede ir o no cuando llega la etapa en la que les gusta quedarse donde los amigos”, propone Jacqueline.

“En una sociedad con patologías colectivas – como la drogadicción –, la respuesta también tiene que ser colectiva porque la reacción individual o familiar no es suficiente”, advierte.

Finalmente Nibia Guardela plantea que esa roncha que levantan los amigos de sus hijos es porque rompe con las sueños que los padres han creado para sus vástagos. “A veces los hechos coinciden con esas expectativas, otras no. Pero lo importante es enseñarles a tomar sus propias decisiones”, concluye.

El supuesto hijo perfecto, que nunca protesta, es excelente estudiante y acata todas las normas, es de cuidado porque puede dar un giro fuerte y tomar un rumbo equivocado.

El amigo absorbente que presiona demasiado, busca influenciar al otro en todo y le resta la autonomía, debe pensarse.

En las crisis, las chicas recurren mucho a sus novios, pero no es así con los varones, ellos no mencionan tanto a sus novias.

Cuando un adolescente presenta cambios de conducta en casa, como malgenio permanente, debe entenderse como un aprendizaje para su vida social en el mundo externo.

La función de un padre es enseñar a sus hijos a resolver por sí mismos sus problemas.

Si dice que tiene líos con sus compañeros, debe guiarlo sobre cómo actuar, pero no ir al colegio a interceder por él, quedaría en una situación más vulnerable.

El padre tiene que ser muy buen observador y conocedor de su hijo y de sus amigos. Debe conservar su rol de autoridad y no caer en la tendencia actual de querer ser un amigo más.

Si hay cambios bruscos en la personalidad, que de ser alegre pasa a triste, o de triste pasa a ser eufórica, hay que estar atentos a conductas influidas por amigos inconvenientes.

Llegar tarde una vez no es raro, pero cuando en sus salidas con sus amigos altera los horarios en forma constante y extrema es una señal de alarma.

Los amigos que siempre están quebrantando las normas no son muy indicados.

Una amistad absorbente, que quiere influir demasiado en el otro, no es muy positiva.

Las compañías que buscan actuar siempre a escondidas tampoco son recomendables.

Los adolescentes de mal rendimiento escolar constante no aportan una buena influencia.

El muchacho que es muy solo y no tiene más amigos podría ser fuente de problemas.

Los que incitan a desprestigiar a los adultos, en especial a los padres, y a desconocer su autoridad son cuestionables.

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