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Mujeres que pagan por sexo, una opción cada vez más común... | Amor, sexo, fiestas y sexualidad


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Mujeres que pagan por sexo, una opción cada vez más común...

admin @ Sun, 2005-10-09 07:00

Reza el prejuicio -o arrojó hasta ahora la tradición- que la mujer no necesita pagar por sexo. Que lo tiene ahí, a su disposición. Que basta que lo desee para encontrarlo. "No sé si sigue siendo así o si es así en todos los casos, pero en estas actitudes se juegan otras cosas: el sexo pago , un atributo que hasta hoy detentó el varón. Ahora la mujer . Y se permite disfrutar", sostiene Sapetti.

Nadie se atreve a hablar de tendencia, pero los especialistas reconocen que la conducta existe y que es . "Se habla de masculinización de la mujer, pero lo que ocurrió es que el hombre fue perdiendo cosas que eran concebidas co mo propiedad exclusivas del género masculino. Es cultural. Ser gerente de una empresa también era visto como algo masculino", agrega.

Todas las fuentes coincidieron en las mismas características al momento de definir el perfil de la mujer que paga por sexo. "Mujeres de alto poder adquisitivo, divorciadas o separadas, que no quieren complicarse la vida y valoran la discreción que ese vínculo supone, o prefieren acostarse con alguien a quien le puedan pedir cualquier cosa sin que su imagen se vea resentida. Son mujeres que se sienten con derecho ", apunta la psicóloga y sexóloga Diana Resnicoff. "Suelen ser mayores de 35, 40 años y elegir va rones más jóvenes, ", dice.

A contramano de cualquier imaginario, en estos vínculos no siempre predomina la modalidad "atracción fatal". Por el contrario, según los expertos, las que pagan por sexo suelen investir la relación de una actitud cariñosa y tierna, que en algunos casos , un "juego" al cual estos hombres se entregan sin mayores reparos.

"Hay varias formas de pagar por sexo, no sólo cuenta el dinero. Son frecuentes los casos de mujeres que ", comenta el sexólogo León Gindín.

¿Qué lleva a una mujer a pagar por sexo? "La comodidad -asegura Gindín-. Ocurre lo mismo que con el varón: satisfacción inmediata . La diferencia es que la mujer prueba, lo toma como una experiencia. Es raro que haya, como ocurre con los varones, una adicción prostibularia".

Para Resnicoff, los cambios de actitud de la mujer frente al sexo obedecen a los nuevos valores y estereotipos sociales: "La mujer ya no aguanta una relación que no le sea satisfactoria. Busca libertad para pedir, para decir sí o no, para ".

A la curiosidad, el deseo y las ganas de probarse y experimentar de la mujer se agrega un creciente grupo de jóvenes dispuestos a intercambiar sexo por bienes materiales: dinero, tarjetas, autos, etc. ¿Dónde encontrarlos? Muy fácil: hay decenas de sitios en Internet que proponen varones para todos los gustos y crece la oferta de shows de strippers, en locales y a domicilio.

"La mujer tiene otra mentalidad. Antes los strippers se quedaban en boxer o calzoncillos. Hoy, . Piden más", cuenta Tony Altamura, a cargo del Golden. Cada fin de semana, más de 800 mujeres van allí a festejar despedidas de solteros, cumpleaños y divorcios. "La mayoría no busca sexo sino entretenerse y liberarse. ", revela.

Los shows a domicilio también suman clientas. "Tenemos unos 8 pedidos por semana. Duran 20 minutos y cuestan 200 pesos por stripper. Si después hay sexo corre por cuenta de los chicos -aclara Altamura-. Es sencillo: todo lo que antes hacía el varón hoy también lo hace mujer. Son caprichos, gustos, tendencias...". Realidades.

La fórmula parece funcionar en este caso: cuánto más prohibido más deseado. Resulta complejo imaginar algo menos romántico que pagar por amor. Claro que la mujer que paga no lo busca. ¿Seguro? Dicen que la masculinización de la conducta sexual de la mujer todavía no logró espantar los fantasmas de la disociación que en el hombre, también dicen, es una costumbre: para él, sexo no es amor. Como si fuera de una especie diferente a la hembra, el macho habría conseguido gracias a una conducta repetida por sus antecesores durante siglos una inmunidad para resolver el conflicto amor-sexo sin verse afectado. ¿Seguro? Suelto de cuerpo, un taxi boy dijo sobre su rentable oficio: "Es el sueño del pibe". Seguramente pagar no es el sueño de la piba.

"Soy, en mi vida diaria, la tipa más formal y tradicional de Buenos Aires. Correcta, profesional, mujer con master y doctorado, buen cuerpo (hora diaria de gimnasia y tres cirugías), buena madre. Y, como verás, mucha terapia encima. Pero mis hijos ya tienen 19 y 23 años y yo llevo cinco de separada. Cuando me enteré que mi ex estaba con alguien sentí la necesidad de buscarme un tipo, de volver a sentirme una mina linda, de atraer.

Empecé por venganza y después me encantó. Cada tanto llamo a Ramiro o a Pablo, dos jóvenes divinos, y la pasamos bomba. No creo que dure mucho, porque apunto a formar una pareja estable, pero para pasar el rato están más que bien", cuenta Mabel (48), que no se llama Mabel y sólo comparte el secreto con un especialista que la "ayudó a liberarse".

"Es algo íntimo. No tengo por qué contarlo. No me enorgullece ni me avergüenza: es lo que pude conseguir para pasarla bien y por ahora me resulta satisfactorio. Más adelante, veremos. Si siento que me engancho desaparezco, ellos ni siquiera tienen mis teléfonos. No quiero rollos porque podrían ser mis hijos. El vínculo no pasa de noches lindas; con ellos no puedo hablar de nada, no tenemos nada en común más que una buena piel", dice, aferrada a un discurso madurado tras varias sesiones de psicoanálisis duro, impiadoso.

A Mabel la espanta la idea de que sus hijos o su ex se enteren de sus aventuras. "Jamás vienen a casa. Dinero no me falta así que nos encontramos directamente en un hotel de Panamericana. No quiero problemas", dice, y confiesa que a veces desearía "terminar con estas historias", pero el trabajo, los hijos y la rutina le alejan la posibili dad de concretar una pareja estable. "La psicóloga dice que no quiero sufrir, que le tengo miedo al compromiso. No sé... Pero estoy convencida de que esta experiencia me va a servir para no repetir errores cuando llegue el hombre que comparta conmigo la vejez. Ya sé lo que me gusta y no me postergo más".

Juan tiene 25 años y un cuerpo tallado a fuerza de gimnasio y dieta. Hace un año que trabaja como stripper en el Golden y no duda en "agarrar viaje" hacia una noche de sexo si quien que le ofrece el pago le agrada al punto de hacerlo gratis si fuera el caso. "No tengo una tarifa porque sólo acepto si me gusta. ¡Es el sueño del pibe! Tenés sexo con alguien que te gusta y encima te paga", se ríe.

"A veces te pagan y no quieren sexo sino dormir con vos o ir a cenar", cuenta, y repasa una anécdota insólita: "Una vez me contrataron para una despedida de soltera. Cuando empecé el show las minas se fueron y apareció una chica y me empezó a bailar ella a mí. Al rato abrió una puerta y había una mesa con velas. Ahí me contó que me conocía de los shows y estaba tan copada que me quería seducir. Todo era una cama para estar a solas conmigo".

Asegura Juan que a la mujer "le gusta sentir que te conquista. Es como que no se banca que sea sólo por plata. Y siempre trata de aclarar que no necesita pagar por sexo; necesita decirlo para cuidar su imagen". Tres hombres que ofrecen servicios sexuales coincidieron en un dato alarmante: "Si el hombre insiste la mujer accede a no usar preservativo. El 70% no se cuidaría si yo me rehusara a usarlo. Me sorprende cómo se descuidan", confió Juan, y lo mismo contaron los demás.

¿Cuánto cobran? Entre 100 y 200 pesos por coito, "sin eyaculación". La noche debe seguir.

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