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La palabra en armas del poeta Raúl Rivero... | Amor, sexo, fiestas y sexualidad


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La palabra en armas del poeta Raúl Rivero...

admin @ Sun, 2005-10-09 10:00

La poesía fue bálsamo y escapatoria, el único refugio reconfortante en los días en que transitaba por los umbrales de la muerte. No es un juego metafórico. Los propios reos asociaban ese espacio final de la prisión de Canaleta, en Ciego de Avila, con los preludios del infierno.

''De ahí pa'llá está la muerte'', decían para demarcar el territorio de aislamiento donde se concentraban los condenados a cadena perpetua o a la pena máxima.

Raúl Rivero permaneció allí por un año, confinado a una celda donde apenas podía estirar los brazos, conviviendo ''con todos los bichos del campo cubano'' y batallando con los demonios de la creación literaria para salvarse de la desesperación.

''Me sentía en la antesala de la muerte'', recuerda Rivero, condenado a 20 años de prisión en la primavera del 2003. ``En el plano físico estás paralizado en una espera permanente. Y es terrible, porque es una muerte con plena lucidez''.

Entonces escribía sin parar, auxiliado de un lápiz y una libreta, con una luz mortecina. Si le faltaba inspiración para el verso, redactaba oraciones o revisitaba el diccionario de María Moliner y los libros de otros poetas legendarios que le acompañaban en la ergástula: Gastón Baquero, Vicente Alexandre, Luis Cernuda y Eliseo Diego. Las palabras, todo el tiempo las palabras, saboreadas en un murmullo contra la soledad. La gratificación personal era conseguir al menos un verso, una estrofa, con los que pudiera sentirse satisfecho. Cuando eso sucedía, Rivero disfrutaba la certeza de haberle ganado otro día a sus carceleros.

El próximo jueves, Rivero compartirá varios de esos poemas escritos en el encierro -- ahora incluidos en el volumen Corazón sin furia (2005) -- con el público de Miami, durante una presentación auspiciada por el Centro Literario de la Florida del Miami-Dade College. En su primer viaje a Estados Unidos, el poeta llegará inicialmente a la ciudad de Indianápolis, donde será esta noche el orador principal en una cena de la 61ra. Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y abogará por la liberación de todos los periodistas presos en la isla.

Rivero fue liberado con una licencia extrapenal por razones de salud tras 20 meses de prisión. El gobierno cubano accedió a concederle la salida hacia el exilio en España, a donde llegó con su familia en abril.

Al filo de los 60 años -- el próximo 23 de noviembre -- y con la expectativa de ''un viaje sentimental como si fuera a La Habana'', no lo pensó dos veces para venir a Miami en una travesía de reencuentro con familiares (su hija Cristina y su nieta Maya) y amigos entrañables que lo precedieron en el largo camino del exilio.

Poeta virtuoso, periodista de fecunda trayectoria, hombre campechano e ironista sin límites, Rivero es hoy una personalidad intelectual insoslayable de la contemporaneidad hispanoamericana. Y, justamente por eso, el disidente más incómodo que el régimen de Fidel Castro enfrentó dentro de Cuba desde los casos de Reinaldo Arenas y Heberto Padilla.

En esta entrevista con El Nuevo Herald, el escritor repasa sus compromisos, alegrías y desilusiones del pasado, contempla el presente con la serenidad conquistada en el fragor de la experiencia y vislumbra el futuro democrático de su país como una necesidad impostergable a corto plazo.

Salvaría los poemas de amor, los poemas de matiz filosófico y los comprometidos sólo con seres humanos, que me acompañaron o acompañan aún por la vida. Ya en el volumen Herejías elegidas, de 1998, hice una selección de lo que considero mi poesía más vital, incluyendo poemas de juventud agrupados en Papel de Hombre y en otro libro que nunca se publicó, País frente al espejo, y que contenía como exergo una frase de Rilke: ''Yo soy de mi infancia como de un país''. Hay zonas de la vida pasada que vale la pena preservar.

No puedo arrepentirme de etapas del pasado donde viví plenamente, y tuve amores que dejaron huellas y trajeron mis hijas. Guardo una memoria cálida de mi padre, de mis abuelos, de mi natal Morón y de muchos amigos que quiero todavía. Obligado por largo tiempo en el socialismo a vivir en colectivo, a hablar en plural, estoy decidido a salvar los rasgos más íntimos de esa época. De hecho, el nosotros lo he dejado reservado exclusivamente para ocasiones muy especiales. Guardo, en fin, las cosas más bellas de mi vida privada, los amores que se fueron, los romances, los naufragios sentimentales y los desatinos pasionales. . . En todo caso el amor es para eso, para que arda y se consuma. Y guardo también una suerte de bohemia forzada de la juventud, cuando La Habana se convirtió en un Pyongyang con sol tropical, y tuvimos que robar ciertos espacios de la ciudad, reinventarlos a su manera, para tener una vida más o menos respirable. Claro, esos que disponían desde el poder la conversión habanera en Pyongyang se habían fabricado antes su París.

Son muchísimas, todas marcadas por los latidos de amistades que permanecen. Pero especialmente recuerdo a Luis Rogelio Nogueras, Wichy, a quien ahora quieren presentar en Cuba como un comunista, cuando la verdad es que era un bon vivant, un intelectual casi puro cuyo único interés eran los placeres de la vida. Es alguien a quien recuerdo con particular cariño y pena, porque siendo un apasionado de la vida, le tocó morir temprano, en plenitud creativa.

Fue un proceso que empezó cuando estaba como periodista en la Unión Soviética, entre 1973 y 1976. En contacto con los corresponsales extranjeros en Moscú me percaté de que no era más que un sirviente. Es una transformación dolorosa en la que tienes que asumir la derrota, que has vivido en la mentira. Y asumir la cobardía de continuar en silencio por temor a las represalias. Abandono el periodismo y me voy a trabajar en la UNEAC [Unión de Escritores y Artistas de Cuba]. Curiosamente cuando en 1995 fundo la agencia independiente CubaPress y me reencuentro con el periodismo, fue una salvación en el plano personal. A partir de ese momento le hallé un nuevo sentido a mi vida.

Fue un documento ingenuo, con petición a elecciones libre, libre flujo migratorio, restauración de los mercados campesinos y libertad para los presos políticos. Pero en el plano personal resultó lo que significa para un esclavo su carta de liberación. Por primera vez en muchos años me sentí liberado de un peso enorme y comencé a dormir en paz. Aunque el poder absoluto trate de aplastarte y castigar a los seres allegados. Al día siguiente a Blanca, mi esposa, la botaron del jardín donde trabajaba y mi madre figuraba como fallecida cuando fue a cobrar su retiro de 72 pesos cubanos.

Yo aprendí a ser demócrata por cuenta propia y la pequeña libertad que se podía tener en Cuba yo la conseguí en mi casa y en mi mundo interior, creando los primeros latidos de sociedad civil. Obviamente, es sólo un fragmento anticipado de la libertad plena, que he venido a experimentar tras llegar a España.

La prisión me llevó a un estado espiritual más puro y, especialmente, el año que pasé en la celda de aislamiento (que me parecieron con cien años de soledad), enrrumbó mi poesía y el curso de mi propia vida. Todo puedo verlo ahora con mayor nitidez. Fue una lección de humildad. Comienzas a meditar en la brevedad de la vida, en la fragilidad del ser humano y la necesidad de luchar por las cosas que quieres y amas. La cárcel me dio también tolerancia y serenidad.

Sí, el escándalo, la exaltación, el lenguaje ardoroso de barricada (o berracada) son armas del totalitarismo. Los panfletos del gobierno cubano no deben rebatirse con otros panfletos. La verdad no necesita de estridencia.

Como de la cárcel sólo me permitían sacar poemas de amor, creo que por eso me concentré en cuidar tanto el lenguaje, el ritmo interior de cada poema. Yo digo que el primer editor de Corazón sin furia fue la policía, un cabo interino especialista en crítica literaria. Otros poemas que he escrito después de la prisión siguen por ese camino de reflexión y trascendencia, en una búsqueda profunda de la experiencia vital.

Todas las gestiones que se realizan en el exterior llegan siempre hasta las celdas por vía de familiares, que lo han oído en la radio o han recibido la información en la calle. Muchos presos comunes supieron quiénes éramos los del Grupo de los 75 porque sus parientes se lo comunicaban en las visitas. Por eso es muy importante mantener la presión en los medios de prensa internacionales, porque es parte de la esperanza del preso. Saber que hay alguien fuera pensando o rezando por ti. Porque los carceleros tratan de hacerte pensar que estás olvidado, para desmoralizarte.

En el plano físico es la lentitud. Pero intelectualmente es una etapa de luminosidad, dueño de una especie de calma y armonía. Y de mucha paciencia para enfrentar la vida. Uno empieza a ver la vida en cámara lenta, pero con un lente de aumento. Las reacciones son más coherentes y sosegadas, en mejor disposición de dejar que ciertas cosas pasen y con más beneficio para las personas que te rodean.

Pienso que va a ser como volver a Cuba. Reencontrarme con mis lectores perdidos y con una parte de mí mismo.

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